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¿Cómo somos? Por Sonia de Stancovich
Vida Cristiana  Dejar un comentario

El mensaje a Laodicea: Apocalipsis 3:14-21
14 “Escribe también al ángel de la iglesia de Laodicea: ‘Esto dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el origen de todo lo que Dios creó:
15 Yo sé todo lo que haces. Sé que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!
16 Pero como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.
17 Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo. 18 Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado en el fuego, para que seas realmente rico; y que de mí compres ropa blanca para vestirte y cubrir tu vergonzosa desnudez, y una medicina para que te la pongas en los ojos y veas.
19 Yo reprendo y corrijo a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y vuélvete a Dios.
20 Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos.
21 A los que salgan vencedores les daré un lugar conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.
22 ¡El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias!”

La carta a la iglesia en Laodicea:

Laodicea estaba situada a orillas del río Licio. Su ubicación en la conjunción de tres caminos imperiales que atravesaban el Asia Menor favorecía su desarrollo como centro comercial y administrativo de gran riqueza. Tres hechos sobre esa ciudad, conocidos por todo el mundo romano arrojan luz sobre esta carta: era un centro bancario, recomendado aun por Cicerón para el cambio de moneda; su ropa fabricada y sus alfombras de lana, hechas especialmente de la esponjosa lana negra de ovejas criadas localmente; y su escuela de medicina y productos medicinales, en especial un tratamiento ocular hecho con el polvo de una roca que se encontraba en la zona.

Fue fundada por Antioco II, quien le puso el nombre de su esposa Laodicea, que significa “justicia o juicio del pueblo”.
Veamos, los términos frío, caliente y tibio quizá se relacionan con las aguas que había alrededor de Laodicea. La cercana Hierápolis era famosa por sus fuentes cálidas. Colosas, también muy cerca, se conoce por un torrente de excelente agua potable fría y clara. Sin embargo, como el río Licio se secaba en verano, Laodicea tenía que usar un largo viaducto para tener agua, que no sólo era turbia sino también impura y a veces nociva, que hacía enfermar a la gente.
La iglesia de esa ciudad tenía ese efecto en Cristo, lo que era un vívido y horrible cuadro de juicio. (No se debe tomar el versículo 16 como si dijera que el Señor prefiere a un ateo o un fanático que a un cristiano tibio. El tema está en la posesión de una genuina vida en Cristo por parte de aquellos que declaran ser cristianos y no la forma en que la practican.)

La iglesia de Laodicea se jacta de no necesitar de nada, pero el Señor Jesús le descubre su verdadera condición.
Lo vemos en el versículo 17 que dice: “Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo ”

1- Se creían prósperos en sus negocios, mas el Señor les dice: te aseguro que eres “el desventurado”.
2- Se creían autosuficientes, no necesitados de nadie ni de nada, pero en realidad, son unos miserables, esto es “digno de lastima”
3- Se creían ricos hasta la opulencia, pero el Señor dice: “eres el menesteroso”, esto es mucho más bajo que pobre.
4- Se creían tener “buena vista” espiritual en una ciudad conocida por sus colirios y sus prestigiosos oculistas, pero el Señor les hace notar que se engañan, la triste realidad es que son ciegos, pues no se dan cuenta de su lamentable estado espiritual.
5- En una ciudad famosa por su industria en lana negra, por lo que podrían cubrirse con costosas vestimentas el Señor les hace ver que están desnudos espiritualmente, dejando al descubierto sus vergüenzas.

Al llegar aquí, debemos preguntarnos a nosotros mismos:

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Lo peor de la iglesia en Laodicea era que estaban ciegos. “Ser ciego es una gran desgracia. Pero la peor desgracia la vive aquel que no quiere ver su propia condición”.

A continuación viene el consejo del Señor
Versículo 18. “Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado en el fuego, para que seas realmente rico; y que de mí compres ropa blanca para vestirte y cubrir tu vergonzosa desnudez, y una medicina para que te la pongas en los ojos y veas.”

Oro refinado: símbolo de la pureza santa, refinada con el fuego de las pruebas y de la disciplina, esta es la verdadera riqueza.

Las ropas blancas: son símbolo de la justicia imputada de santidad de vida, de paz, y de victoria.

Medicina: “colirio”. Solo el Espíritu Santo puede suministrarnos este valioso ungüento. A fin de poder ver los verdaderos valores de las cosas.
La directa caracterización de la vida espiritual de la iglesia (17) y el llamado a su arrepentimiento (18) se combinan con esos tres aspectos de las actividades de la ciudad.

Versículo 19. La nauseabunda condición de los laodicenses no ha apagado el amor de Cristo por ellos; sus acusaciones mordaces son la expresión de un afecto que quiere llevarlos al arrepentimiento. La bondadosa invitación que sigue en el versículo 20 se da no a toda la iglesia, como si Cristo estuviera fuera de ella (lo que requeriría que dijera: “Si la iglesia oyera mi voz … iré y comeré con ellos y ellos conmigo”), sino a cada individuo dentro de ella, que transmite al Señor resucitado de compartir con cualquiera que abra la puerta de la comunión, aun en las actividades más comunes de la vida.

Versículo 21. Así como se ofrece un alto privilegio a estos cristianos indignos, tenemos una promesa mayor que todas las presentadas antes: así tal como los creyentes invitan a Cristo a morar con ellos en esta vida transitoria, el Señor invitará a cualquiera que persevere hasta el fin a compartir en las edades futuras el trono que el Padre le ha dado.

¡No permita el Señor que nuestras congregaciones, ni nosotros como miembros individuales de ellas, caigamos en el estado lastimoso en que se hallaba esta “desventurada, miserable, menesterosa, ciega y denuda” iglesia de Laodicea! De los apostatas dice Pedro “22 Pero en ellos se ha cumplido la verdad de aquel dicho: “El perro vuelve a su vómito”, y también lo de “La puerca recién bañada vuelve a revolcarse en el lodo.” (2 pedro 2:22).

Para reflexionar:

¿Vamos a ser así nosotros? ¿Qué haremos, pues, si por no ser ni fríos ni calientes, se dispone el Señor a vomitarnos de su boca?
Cuando los que se profesan cristianos, caen en el deplorable estado de la iglesia de Laodicea, auque todo parezca marchar en orden dentro de los muros del edificio que lleva el nombre de “templo”, se pierde la convicción de pecado y no se advierte la necesidad de un sincero cambio de mentalidad delante del Señor. ¿Cómo se va a golpear alguien el pecho en señal de contrición, si se cree en paz con Dios y en orden con la iglesia, sin advertir esa lastimosa tibieza que lleva a la indolencia, a la indiferencia, al compromiso con el mundo?

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