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Cruza al otro lado Por Eduardo Gavilán
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Marcos 4:35 dice: “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado”. Todo día tiene una noche, y todo proceso tiene un comienzo. Muchos de ustedes sienten que ya no están en el día, sino en la noche. Noche es sinónimo de confusión, de ceguera. Es no saber en donde estoy parado, o hacia donde me dirijo. Todo día, por más espléndido que parezca, tiene una noche. Y no puede haber un proceso, si no hay un comienzo.

Y muchas veces, en esas noches que transitamos, es en donde comienzan las procesos. Es cuando menos lo esperas que te llegan esas circunstancias difíciles. Jesús les dijo a los discípulos: Vengan, pasemos al otro lado. El otro lado es a donde Cristo desea llevarnos, es la tierra del propósito y de la bendición. Ahora bien, desde el punto en donde te encuentras, hasta el otro lado, existe una distancia. Y al recorrido de esa distancia es que le llamamos: “proceso”.

Es en el proceso en donde Dios comenzará a quitar de tu corazón aquellas cosas que desagradan al corazón del Señor. Los procesos buscan hacerte más parecido a Cristo, y menos parecido a ti; es decir, menguar nosotros, para que Cristo crezca en nosotros. Pero cuando los procesos vienen a nuestras vidas, no lo vemos de esa manera; sino que los vemos como las crisis. ¿Alguna vez has estado en una crisis de muerte?

Bueno, permíteme llevarte a los siguientes versículos de la lectura anterior. Marcos 4:35-38 dice: “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”

Aquí es donde está lo interesante de la historia: es Cristo quien dice que pasen al otro lado. Yo no puedo querer pasar al otro lado, si no tengo al Señor delante de mí. No puedo avanzar en ningún aspecto, si no es el Señor quien va delante de mí. Yo no puedo moverme delante de la nube, sino detrás de la nube; porque cuando me muevo detrás de la nube de Dios, no importan los problemas que vengan, Dios está en control de mi vida porque estoy sometido en obediencia a Él.

Y Jesús, siendo Dios hecho carne, sabía que cuando entraran en el mar, el mar arreciaría y habría una gran tormenta. Ojo con esto, si el Maestro quiere llevarme a atravesar la tormenta, es porque Él tiene dominio y control de todas las cosas. ¿Quieres saber si verdaderamente confías en Dios? Déjate llevar hacia la tormenta. Allí es donde tu fe te salvará, o tu temor te hundirá en las aguas. Uno no sabe que tiene fe sino en los momentos difíciles. Porque cuando a uno le va bien, uno siempre tiene fe. Cuando las cosas andan mal, es ahí en donde aparece la fe.

Dice la Biblia que se levantó una gran tempestad de viento, y echaba olas en el barco, de tal manera que se estaba hundiendo; y para colmo Jesús estaba durmiendo en medio de la tormenta. Ya me imagino a Pedro pensando: “Que lindo éste, nosotros muriéndonos, y Él sin preocupaciones, durmiendo.” Tal vez Andrés le diria a Pedro: “Bueno, Pedro, entiende que el Maestro estaba ministrando, es normal que esté cansado”. Y posiblemente en medio de la discusión, unos cuantos discípulos se arriesgaron a despertarlo, y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que muramos acá mismo?”

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¡Qué pregunta más linda! “Señor, ¿no te importa que muramos?”. Ahora bien, lo que nos ocurre a muchos de nosotros en medio de las tormentas es que decimos con nuestros hechos o palabras, que al Señor no le importa como estemos. Algunos dicen: “Bueno Señor, tú estás en tu trono en el cielo que es perfecto, y yo estoy acá en la tierra ahogándome en los problemas. ¿Me vas a dejar morir o qué?”

Sabes, hablándote de esto siento una carga en mi corazón, es como si me dieran un golpe al corazón. Creo que así mismo se sintió Jesús al oír esas palabras. ¿Cómo te sentirías al oír esas palabras de las personas que amas? Jesús siempre tuvo cuidado de sus discípulos, en donde quiera que los llevaba, siempre los cuidaba y les daba palabra de ánimo y aliento. Y sin embargo, los apóstoles dudaron en ese momento del amor de Jesús. La tormenta les hizo dudar del amor de Dios hacia ellos.

¿Acaso las tormentas te están haciendo dudar de que Dios te ama y está contigo? Es bueno decir que Dios está conmigo cuando me va bien, pero desde que me comienza a ir mal, le pregunto al Señor que en donde se escondió, que por qué me desamparó, que donde está, etc. Cuando las tormentas te hacen dudar del amor de Dios, es porque aún no ha habido perfeccionamiento en el amor. Dile a Dios en esta hora que te ayude a nunca dudar de su amor.

Los procesos revelarán las áreas de tu corazón que necesitan ser transformadas por el Señor. Y esta tormenta en la vida de los apóstoles les estaba demostrando que habían áreas que Jesús debía de trabajar en ellos, antes de llevarlos al otro lado. No sé cual sea tu opinión, pero las tormentas en mi vida han sido necesarias para mostrarme las áreas que Dios debe trabajar conmigo.

Hay tormentas que provienen de Satanás, y debemos reprenderlas y no recibirlas. Pero cuando la tormenta proviene de Dios, podemos hacer todos los ayunos y todas las vigilias, y orar y orar, y no cesará hasta que Cristo no nos muestre cuales áreas de nosotros deben ser trabajadas.

Marcos 4:39-40 dice: “Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”

Jesús reprendió al viento, y ordenó al mar que se callara. Reprender algo tiene que ver con el ámbito espiritual, y callar y enmudecer con lo terrenal. Muchas veces, cuando el Señor te lleve al otro lado, el diablo se levantará en contra tuya. Satanás no quiere que el propósito de Dios se cumpla en tu vida. Cuando el enemigo levante el viento en contra tuya, repréndelo. Tú tienes autoridad sobre toda fuerza de maldad. Cristo reprendió el viento; también tú puedes reprender el viento.

Y es en medio de esas tormentas en donde muchas veces se levantarán en tu contra, diciéndote que no lo lograrás, que no podrás. Ordénales que se callen, porque en tu barca está montado Jesús, el Hijo de Dios. Di a la voz del desánimo, de la tristeza, de la miseria, que se callen, porque si Jesús lo hizo, también nosotros podremos, porque cosas mayores que Él haríamos, porque Él está al lado del Padre.

Termino diciendo lo siguiente: si Jesús está en tu barca, y en medio de la tormenta de tu vida, Él duerme, entonces gózate, porque significa que tienes la misma autoridad que Él tiene para callar al viento y al mar. Pero también debes saber que Él lo hará para mostrarte cuales áreas en tu corazón deben ser trabajadas. La Biblia dice que luego de esto se hizo grande bonanza. Luego que ellos vieron el poder de Dios, fueron llevados a un nuevo nivel de fe y confianza. Ésa es la grande bonanza que se hizo ese día.

No temas en cruzar al otro lado. Arriésgate a emprender nuevos proyectos, nuevas metas, a acercarte más a Dios. El Espíritu Santo quiere traer una gran bonanza sobre ti.

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