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Los medios Por Junior Zapata
Fuente: Revista Mi Librería Cristiana | Padres  (1) Comentario
Conexion Extrema

El Internet nos grita “Críen a sus hijos o yo lo hare por ustedes”. El problema del Internet no es la pornografía, no es la seguridad. El problema del Internet somos los papás.

Para la generación de los abuelos, la computadora era un aparato de lujo. Para la generación de los padres, la computadora era una herramienta de trabajo. Para esta generación de chicos, la computadora es parte de la vida cotidiana y como todo en la vida, nos toca a los padres ayudarlos a gozar de los beneficios y protegerlos de los peligros.

Nuestros hijos deben de tener un límite de tiempo frente a la pantalla. Ya no es cuánto tiempo miran televisión; de lo que tenemos que hablar es de cuánto tiempo pasan delante de la pantalla. Nuestros hijos vivirán gran parte de sus vidas en las redes sociales, es una realidad de esta era. Sin embargo, ellos deben tener límites establecidos en cuánto a tiempo y forma de uso de las redes sociales. Muchos piensan que poner límites a sus hijos es restringirles la vida. La verdad es que son los límites los que les servirán para no ir más allá y caer en un precipicio del que probablemente no podrán salir. Debemos tener cuidado porque, por no entrar en argumentos con nuestros hijos, podemos estar permitiendo que desarrollen hábitos que luego pueden tornarse destructivos.

Otro tipo de padres son ingenuos y piensan que “no pasa nada”, que es inofensivo que sus hijos o hijas pasen tanto tiempo en las redes sociales. Sin embargo, el Internet es como un animal salvaje domesticado; puede estar en casa y jugar con los niños, pero no debemos olvidar que tiene un lado feroz con la posibilidad de voltearse contra nosotros y comernos de desayuno.

La vida contemporánea es complicada. Los niños y las niñas hoy crecen de manera diferente a como nosotros crecimos, saben otras cosas (¡No hay que decírselos, pero creo que hasta son más inteligentes!).
Cuando yo era niño, en mi casa, el menú de comida era sencillo, consistía en dos opciones: “o te lo comes, o no comes”.

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Actualmente, todo es tan complicado. Cada hija tiene su cereal preferido, su pan preferido. Antes podíamos ver dos o tres canales de TV, ahora hay cien. Hoy está el Internet. ¡No es justo!, pienso y me enfado. “Fue más fácil para mis papás que para mí” digo levantando el puño al cielo. Luego, considero la clase de hijo que fui y la clase de hijas que tengo. No, me quedo con mis hijas y sus opciones.
Parte del problema con los medios de hoy en día, es que se nos olvida que nosotros somos adultos y nuestros hijos no. Pensamos que como nosotros navegamos las aguas profundas del Internet sin hundirnos, nuestros hijos no corren peligro.

En mi casa hay reglas. Las usan mis hijas para sus tareas de geometría. También hay de las otras, las que enojan a nuestras hijas. Luego hay otras, las que dispone mi esposa y me enojan a mí. Igual, desconozco dónde están las reglas que usan mis hijas y no memoricé las que pone mi esposa. Pero, una que puse yo y que sí sé, es que cualquier computadora tiene que estar en un lugar visible. Yo se que las asociaciones de los Derechos de la Niñez han escrito largos documentos acerca del respeto a la privacidad de los niños y amenazan con meterme a la cárcel si en mi casa mando yo y no mis hijas. Sin embargo, quiero decir que el responsable de mis hijas soy yo, y no gente con acento europeo que probablemente no tiene hijos y que escribe documentos aburridos en reuniones que hacen en hoteles de cinco estrellas. En mi casa, si se usa la computadora, cualquiera debe poder ver la pantalla.

Esto es, no porque no confió en mis hijas, confió plenamente en lo que les he enseñado hasta ahora y confío en su palabra. Sin embargo, no han vivido lo suficiente para tener buen juicio y no puedo permitir exponerlas a que algo les haga daño. Más adelante en la vida, ellas podrán decidir qué creer, qué ver, qué leer; podrán decidir por dónde navegar.

Esto tal vez sonará a demasiadas restricciones. Sin embargo, cada papá tiene que decidir cuánto proteger y cuánto exponer a sus hijos e hijas. Personalmente, no considero que estas reglas limiten o trunquen las libertades de mis hijas, las considero como los Diez Mandamientos. Muchos que leen los Diez Mandamientos por arriba, sin profundizar, piensan que están ahí para restringir y no es así.

EL PAPÁ IMPERFECTO
JUNIOR ZAPATA
Hojas del Sur/Vida

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Una respuesta a “Los medios”

  1. ¡Felicidades por este devocional! Estoy totalmente de acuerdo en supervizar, aprobar y dirigir todas las activiades de nuestros hijos; en lo general y no en lo particular. Quiero decir, en todos los aspectos de sus vidas. Hasta que Cristo esté formado en ellos y tengan una mayor visión de su entorno perturbador. Gracias al escritor.

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