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Visión 20/20 Una Visión Perfecta Por Luis Nazario
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LA VISION DE LA IGLESIA
Al decir visión no me refiero a ver una aparición, una cortina corriéndose en lo espiritual, o una experiencia mística. Visión es aquella meta. Aquel sueño que Dios ha depositado en usted, sobre su parte o misión en el reino de Dios. La palabra visión debe de ser una palabra muy importante para la iglesia.

La Biblia dice: “Sin profecía el pueblo se desenfrena” (Prov. 29:18). Esta palabra “profecía” se traduce “visión” en la versión King James de la Biblia y literalmente se lee de esta forma; “Donde no hay visión el pueblo perece”. El traductor en la King James hace una nota marginal sobre la expresión “pueblo perece”, “el pueblo esta desnudo”. Esta nota es clave para entender la importancia de tener visión.

Primero, un pueblo, iglesia, o una persona sin visión esta desnuda. Esto significa que no va para ningún lugar, ya que sin ropas no salimos a ninguna parte. Por consiguiente una iglesia sin visión es una iglesia sin destino. Una iglesia con visión es una iglesia con un camino y una meta trazada. Podríamos decir que una iglesia con visión es una iglesia con dirección.

Segundo, una iglesia sin visión perece, ya que no tiene dirección. La podríamos comparar con un barco que lleva personas a un destino. Este barco tiene que tener un timón que dirige su viaje. Falta de visión es tener un barco sin timón. Este será dirigido por las olas y terminara en las rocas destruido o encallado en algún arrecife. Así es la iglesia que no tiene visión, se mueve según las circunstancias, llevándole estas a la destrucción o se quedara anclado en puerto sin ir a ningún lado.

¿Qué tan amplia debe de ser nuestra visión? La pregunta correcta seria ¿Qué tan lejos queremos llegar para el reino de Dios? Nuestro crecimiento y nuestros logros serán de acuerdo a nuestra visión. Una persona de visión corta (en lo natural), no llegará muy lejos. Tendrá temor de tropezar con aquello que no puede ver. Por el contrario, una persona con visión correcta no tiene temor de tropezar ya que puede ver los obstáculos y sabe como vencerlos. Una persona con visión correcta, no permite que nada lo detenga de llegar a donde quiere llegar.

EL TAMAÑO DE LA VISION

Quizás nuestra visión sea edificar un templo con suficientes facilidades, para abrir un colegio Bíblico. Puede que llegue un tiempo cuando parecerá que las finanzas no van a ser suficientes para hacer esa obra. Podemos sentarnos y mirar el obstáculo, desanimarnos por la falta de finanzas, o podemos mirar por encima de este obstáculo y ver al Dios que es más que suficiente para suplir lo necesario para esta obra.

En palabras simples, nuestra visión tiene que ser de acuerdo a la grandeza de nuestro Dios y no acuerdo a los obstáculos. En treinta años que llevo en el ministerio, no he encontrado que la Biblia diga en algún lugar que Dios es mezquino. Por el contrario, he encontrado que: “Mi Dios pues suplirá todo lo que os haga falta de acuerdo a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19). Esta expresión “de acuerdo” es lo mismo que decir “a la misma medida”. Dios suplirá de acuerdo a la medida que tengamos de él. El rey Salomón decidió edificar un templo a Jehová y he aquí sus palabras: “Y la casa que tengo que edificar, ha de ser grande; por que el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses” (2 Cron. 2:5). La visión de Salomón era de acuerdo a la grandeza de Dios.

Un obstáculo que existe cuando hablamos de visión, son los hombres de visión corta. Estos han llenado los pulpitos de incredulidad, y razones por las cuales no podemos lograr la visión que Dios nos ha dado. Dios no quiere que esto sea así, El quiere que nos levantemos y subamos al monte Moriah donde podemos mirarle como proveedor, al monte Sinai donde le vemos en toda su gloria, al monte Horeb donde vemos su poder y al monte de la Transfiguración donde le vemos en toda su majestad y grandeza. Dios quiere que su pueblo tenga una visión amplia y que camine hacia el cumplimiento de esta.

Dios no quiere que vivamos añorando que la visión se cumpla, sino, que vivamos para cumplir la visión. El no entender este principio troncha la visión de Dios para la iglesia. Le daré un ejemplo; un día llega una profecía de que muchas almas se van a salvar en cierta iglesia. Que se edificara un templo más grande para acomodar los nuevos convertidos. Pero que pasa, los hermanos se regocijan y esta profecía forma una visión en ellos. El tiempo pasa y estos hermanos siguen sentados esperando que la profecía se cumpla ya que el Señor lo dijo. La realidad es que la profecía no se va a cumplir y por ende la visión es tronchada. La razón para que la profecía no se cumpla es esta, recibieron dirección, formaron la visión, pero no caminaron hacia el cumplimiento de esta. Cuando viene la visión hay que correr con ella (Hab. 2:2). Debemos entender que es Dios quien da la visión pero nosotros tenemos que correr con ella.

Abraham es un ejemplo de lo que sucede cuando Dios nos da una visión. En el capítulo 13 del libro de Génesis se nos dice, “Y Jehová dijo a Abraham, después que Lot se apartó
de él: Alza ahora tus ojos y mira desde el lugar donde estas hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Gen 13:14-15). Note la visión de Abraham, “toda la tierra que ves”. Si usted hubiese estado allí, se daría cuenta que al no haber edificios, Abraham podía ver hasta el horizonte a los cuatro lados. ¿Cree usted que era bastante tierra la que Abraham veía? Seguro que lo era. Pero Dios quería darle a Abraham más de lo que este podía ver. La Biblia dice que Dios hace “todas las cosas mucho mas abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Ef. 3:20).

Hay dos principios en la visión de Abraham que quiero que vea. Primero, para tener la visión de Dios hay que alzar los ojos. No podemos tener visión mirando al piso, los problemas pasados o las circunstancias presentes. Tenemos que levantar los ojos a lo alto. Segundo, note que tanta tierra Dios dio a Abraham. Si él se hubiese quedado parado allí, la tierra que veía seria lo único que obtendría. Pero al Abraham comenzar a caminar el horizonte hacia donde caminaba se alejaba de él. Mientras más caminaba mas se ampliaba el horizonte y mas tierra le era dada. Este segundo principio contesta la pregunta, ¿Qué tan grande quiere Dios que sea nuestra visión? Mientras mas trabajes en lo que Dios te ha dado, más crecerá la visión. No tendrá límites pues Dios no es un Dios de limitaciones. El Dr. Robert Schuller lo expresa de esta forma, “Es mejor tratar de hacer algo grande y fracasar, que hacer nada y fracasar como quiera.”

VEA NO OBSERVE

Otro obstáculo para la falta de visión es lo que la Biblia llama “observadores del viento”. Dice el libro de Eclesiastés “El que al viento observa no sembrará; y el que mira las nubes, no segará” (Ec. 11:4). Salomón identifica un grupo de personas, las cuales piensan que tienen visión ya que están observando algo. La realidad es que ellos no están viendo nada ya que observan lo equivocado. Mark Twian habla acerca de una pelea de dos gatos. Se habían reunido muchos a observar la pelea y alguien pregunto. ¿Por qué pelean? La contestación fue simple y nos ayudara a entender la diferencia entre observar y tener visión. “Únicamente los dos gatos saben porque pelean” contesto el observador.

Los observadores del viento no saben lo que esta sucediendo en la iglesia. Ellos no saben lo que el Espíritu Santo esta haciendo y por consiguiente, no ven nada suceder. Ellos miran la tierra, observan las nubes y dicen “va a llover no podemos plantar”. Por lo tanto no siegan. A todo lo que Dios quiere que ellos hagan, le ven una imposibilidad. Siempre encuentran una excusa para excusar su falta de visión. Dios no quiere que seamos observadores del viento sino gente de visión. En una ocasión Jesús corrigió a sus discípulos sobre este asunto. “No decís vosotros: ¿Aun faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo, Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Jn. 4:35). Los discípulos decían que llegaría el tiempo de segar, pero no era todavía. Estaban observando los tiempos y las nubes. Jesús les da una visión, “Alzad vuestros ojos y mirad”. Este principio de visión dice así, “Si puedes verlo, puedes tenerlo”. Deja de estar observando y comienza a mirar. Pon tus ojos en la visión del Señor. Deja de estar esperando y comienza a caminar en lo que Dios esta haciendo. Camina en la visión de Dios.

VISION POR LAS ALMAS

Algo que quiero que note en cuanto a la visión de Abraham y los discípulos, es que la visión de Dios siempre tiene que ver con almas. El propósito de Dios darnos una visión no es para que nos jactemos de tener la iglesia mas grande del pueblo, o que tomemos la actitud de “mira que mucha fe tengo”. El propósito de Dios es que ganemos almas. Me compartió el hermano John Jiménez, pastor de la iglesia La Roca en Virginia, USA; que cuando el Señor le dio la visión “América para Cristo” él lo compartió con predicadores de nombre. Estos le expresaron que no podía ser de Dios pues, ¿Quién era John Jiménez? Lo que ellos no entendieron era que “América para Cristo” no era para exaltar a un hombre, sino para exaltar a Jesucristo y ver almas salvadas. Dios no nos da una visión para que nos hagamos famosos, sino para que la fama de Jesús se extienda por toda la tierra. Dios dijo a Abraham, “toda la tierra que ves la daré a ti y a tu descendencia por siempre”. ¿Qué tan grande fue su visión? ¿Qué tantos descendientes tiene Abraham? Conteste la segunda pregunta y se contestara la primera. ¿Qué tantos campos le enseño Jesús a sus discípulos? ¿Estamos todavía segando? La contestación a estas preguntas le dirán que tan grande debe de ser su visión.

“No decís vosotros: Aun faltan cuatro meses para que llegue la siega. He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Jn. 4:35).

La actitud de los discípulos no era diferente a la de muchas iglesias hoy en día. Cuando hay falta de visión solo se ven imposibilidades. En este caso la imposibilidad era “faltan cuatro meses”. “No es el tiempo todavía” era la excusa. Ellos tenían la mira puesta en el factor tiempo, mientras que el Señor la tenía puesta en los campos. ¿Puede ver la diferencia que hace lo que enfoquemos o miremos cuando se habla de visión? Tenemos que mirar lo que el Señor mira, “Alzad vuestros ojos y mirad los campos”. Tenemos que mirar no tan solo lo que él mira, sino también ver lo que él ve, “…ya están blancos para la siega”. En el tiempo que llevo en el ministerio he estado en muchos lugares e iglesias. No importa donde valla la excusa de congregaciones pequeñas es la misma. “Este es un pueblo duro para el evangelio”, o “todavía no estamos listos para evangelizar”. No hay nada mal en que una congregación sea pequeña, pero sí lo hay en poner excusas sobre porque no se hace el trabajo evangelistico. Estas excusas se llaman “falta de visión”.

LA VISION DE DIOS

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El mandato del Señor y la visión del Señor son una y la misma, “Almas para el Reino”. La visión dice, “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están listos para la cosecha” (Jn. 4:35). El mandato dice; “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:17). Todo aquello que hacemos, si no entra en este patrón es visión incompleta o una visión imperfecta.

Cuando la visión no es perfecta se usan métodos como la forma de corregir la visión. Lo explicare de esta forma: si en lo natural tenemos problemas con nuestros ojos y vamos a leer un libro, hacemos uso de lentes o espejuelos. Lo hacemos para completar aquello que le falta a nuestra visión. Estos artefactos creados por la ciencia nos ayudan a tener una visión perfecta. Pero es necesario no tan solo tener los espejuelos sino hacer uso de ellos. Puedo tener los mejores espejuelos, pero si no los uso mi visión seguirá siendo imperfecta. Los espejuelos vienen a ser el método que ayuda mi visión. El problema viene cuando no hay visión; o sea, un ciego no le sacara provecho a los espejuelos. Podemos hacer aplicación de esto a la iglesia. Hay quienes pasan toda la vida leyendo sobre como evangelizar, secretos de la evangelización, dan clases de evangelismo en la iglesia, pero nunca salen a evangelizar. Los métodos son buenos pero sino se aplican la iglesia seguirá sin visión. Una iglesia sin visión es el resultado de un líder sin esta. Podemos tener los mejores métodos pero a menos que estos se pongan en práctica no tendrán efecto. La “visión” y el mandato “Id” implican acción. Cuando combinamos el “Alzad” con el “Id” el resultado será una visión 20/20, una visión clara.

Cualquier oculista le dirá que una visión clara es un 20/20. Cualquier maestro de la Biblia le dirá que el libro de los Hechos es el libro de la iglesia. Si combinamos esto encontraremos que Hechos 20:20 es la visión clara de la iglesia – “Y como nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casa”.

La evangelización puesta en práctica es una visión clara. Cuando se deja de poner excusas de por porque no vamos y porque no vemos tenemos una visión clara. Dios le ha equipado para llevar a cabo la Gran Comisión, ha puesto en usted una visión clara. No mire al suelo, al viento, o al tiempo, levante su cabeza alce sus ojos y mire los campos blancos esperando por usted para ser segados. No permita que nada robe su sueño o visión. Son muchas las oportunidades que se presentaran para el fracaso. Quizás como Pablo llegue el momento cuando se sienta abandonado, traicionado y no apreciado por aquellos con los cuales usted esta trabajando (2 Cor. 11 y 12). Ese es el momento de poner la mirada en la visión y declarar que la gracia del Señor es suficiente. Recuerde a José en el libro de Génesis y diga, “La mujer de Potifar le quito el manto pero no le quito su sueño, no le quito la visión”.

EQUIPADOS PARA LOGRAR LA VISION

No tan solo se nos ha dado la comisión y la visión, sino que se nos ha dado el equipo necesario para llevar a cabo el trabajo. Jesús dijo, “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo ultimo de la tierra” (Hec. 1:8).

Este verso es la continuación de la Gran Comisión tal y como la encontramos en el evangelio de Lucas 24:46. “Y les dijo: Así esta escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y que resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando en Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí yo os enviare la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder de lo alto”. Aquí se encierra la visión de Dios.

Primero, una visión clara de lo que es el evangelio, “…que el Cristo padeciese, y que resucitase de los muertos al tercer día…” El apóstol Pablo nos dice que el evangelio es la muerte y resurrección de Jesús (1 Cor. 15:1-4). Marcos 16:15 dice que prediquemos el evangelio y que todo aquel que crea será salvo. El libro de Romanos nos da la condición para la salvación, “Si creyeres en tu corazón que Dios levanto a Jesús de entre los muertos, y confesares con tu boca que Jesús es el Señor serás salvo (Rom. 10:9). Recuerde que el evangelio y los beneficios del evangelio son dos cosas diferentes, ya veremos eso mas adelante.

Segundo, una visión clara de la Gran Comisión, “que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando en Jerusalén”. ¿Se ha predicado el evangelio en Jerusalén, en Samaria y en Judea? Si lee el libro de los Hechos se dará cuenta que fue ahí donde comenzó la predicación, como obediencia a la Gran Comisión. Mas adelante Pablo lo predico en Asia (Hec. 19:10).

Pero la Gran Comisión dice, “…en todas las naciones”, y es aquí donde entramos nosotros, la iglesia de Jesucristo hoy.

Tercero, una visión perfecta de quienes somos y el papel que jugamos en el cumplimiento de la visión de Dios. “Y vosotros sois testigos”. Tenemos que vernos como el Señor nos ve, tener la misma visión de Dios. Cuantas veces he oído a Pastores decir, “Estamos orando para que el Señor envié obreros”. ¡Ya el Señor envió obreros! Todos somos obreros, somos testigos, deje de cantar “…yo estoy listo si el me llama estaré en la viña del Señor”. Ya él le llamo, usted esta en la viña, mire a su alrededor y comience a trabajar, haga su parte en la visión. Siempre he tenido problemas con los coritos de vagancia e incredulidad. Hay uno en específico que dice, “Mira las almas como caminan buscando el gozo buscando la paz, pero no buscan a Jesucristo el que la tiene y el que la da”. Este corito aunque muy bonito, refleja la condición de una iglesia sin visión. Miran las almas pasar en busca de gozo y paz, pero no hacen nada para traerlas a Jesús, el que la tiene y el que la da. Como LOT sentado a la puerta de Sodoma viendo el pecado destruir al hombre pero sin ver que tenemos la solución. No tan solo somos testigos sino que somos embajadores de Cristo.

Se ha dicho que solo el 10% de los miembros de la iglesia hacen el trabajo de esta; que el otro 90% son tan solo espectadores. Pues es hora de cambiar las cifras y ver la iglesia levantarse como un poderoso gigante con un 100% de trabajadores. ¿Se podrá lograr eso? ¡¡¡Si!!! Deje de estar declarando que no hay obreros, y que no podemos por falta de consagración. Lleve la iglesia a la cima de la montaña y enséñeles los campos que están blancos para la siega. Mientras nos quedemos en el valle hablando imposibilidades eso tendremos, alce sus ojos y mire al Dios de lo imposible, él tiene fe en usted, él dice que usted es un testigo.

Cuarto, una visión clara del poder que se nos ha dado para cumplir nuestra misión. La iglesia apostólica no tenia radio, televisión, o periódicos. Con todo eso ellos cumplieron su parte de la Gran Comisión. Ellos tenían una visión clara de lo que era el evangelio, lo que era la Gran Comisión, lo que ellos eran, y el propósito del poder que habían recibido.

EL PROPOSITO DE PENTECOSTES

“Cuando llego el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen “(Hec. 2:1-4).

Para llevar a cabo la visión de la iglesia es necesario comprender el propósito de Pentecostés. Muchos han pensado que lo que sucedió en el aposento alto el día de Pentecostés era para formar una nueva denominación. He leído la historia de algunos movimientos pentecostales, y trazan los comienzos de su denominación al día de Pentecostés. La realidad es que aquel día, no nació una denominación sino una iglesia poderosa, llena no de Pentecostés sino del poder que descendió el día de Pentecostés, el poder del Espíritu Santo. Nació una iglesia equipada para llevar el evangelio a los confines de la tierra. Una iglesia que tomaría la visión del corazón de Dios y correría con ella. ¿Cuál era esa visión? El libro de Hebreos dice, “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Heb. 12:2).

En medio del sufrimiento de la cruz, de la burla de los judíos, y del abandono de sus discípulos, Jesús en ningún momento pensó que el sacrificio era en vano. La razón era esta, él estaba mirando algo que iba a producir goza como resultado de aquel sacrificio. Tenia delante de él la visión del corazón de Dios, “el reino de Dios manifestado en el corazón de los hombres”. Jesús estaba mirando a usted y a mí, recibiéndole como salvador y siendo parte de la visión de Dios. Esta es la razón de porque el escritor de Hebreos dice, “Puestos los ojos en Jesús” él es la razón para nuestra visión y es el autor de ella. Así que podemos ver que el poder que descendió el día de Pentecostés tiene un propósito diferente al que muchos piensan.

Si no fue para comenzar una nueva denominación, ¿para qué nos fue dado? “Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros y me seréis testigos” (Hec. 1:8). Un testigo es aquel que sabe algo ya sea por que lo ha visto, o por que lo ha experimentado. Un testigo puede hablar de algo que él conoce como realidad ya que es parte de ello. Todo creyente es testigo del poder salvador de Cristo ya que lo ha experimentado en su vida. Esto es, todo creyente puede dar testimonio de lo que ha experimentado en su vida, en este caso la salvación. El poder del Espíritu Santo nos equipa para añadir evidencia física a nuestro testimonio. Nos convierte en testigos que se atreven a demostrar con evidencia la resurrección del Señor.

PODER EN LA MISION 

El evangelista TL Osborne fue a predicar a la India en el comienzo de su ministerio. La primera noche de campaña, un sacerdote musulmán se puso de pie y reto a Osborne en cuanto a la veracidad de la Biblia como la palabra de Dios. Cuando el evangelista regreso al hotel donde se estaba quedando, este estaba muy desanimado. Si no creían que la Biblia era la palabra de Dios, ¿como creerían que Jesús era el hijo de Dios y no Mahoma? Se encerró a orar y el Señor que el próximo día llamare a todos los ciegos y sordos a pasar para oración. Que también llamare al sacerdote musulmán y que le hiciere un reto. “Tu oraras en el nombre de Mahoma y yo orare en el nombre de Jesús, el que abra los ojos y los oídos ese es el hijo de Dios”. El resultado fue que Jesús hizo maravillas y miles de musulmanes incluyendo el sacerdote aceptaron a Jesús como salvador.

Esta es la diferencia entre ser testigos y ser testigos llenos de poder. Jesús dijo, “Aunque no me creáis a mi, creed a las obras” (Jn. 10:38). Cuando el poder de Dios es evidente en nuestras vidas o iglesias nada puede evitar que nuestra visión se cumpla. Un ejemplo de esto fue José en el libro de Génesis. En la cárcel demostró el poder de Dios interpretando el sueño del copero y del panadero. Esto le llevo mas tarde a la presencia de Faraón donde demostró nuevamente el Don que operaba en él. El resultado fue el cumplimiento de su sueño, José se convirtió en el segundo después de Faraón.

Este es el propósito de Pentecostés, equiparnos de poder para hacer las obras de Cristo, y que todos crean el evangelio. Con ese poder, podemos llevar a cabo la visión 20/20 cumpliendo así con la misión dada a la iglesia. Hay otras cosas que se han categorizado como propósito de Pentecostés pero estos son beneficios únicamente. Un ejemplo de esto, “El que habla en lengua extraña se edifica así mismo”, esto no es propósito sino beneficio. Entienda que los beneficios siempre seguirán al propósito.

Es importante que entendamos esto de los beneficios. La visión clara de la iglesia es predicar el evangelio y sus beneficios. Si no entendemos esto nos desviamos de la Gran Comisión. Nuestro mensaje tiene que ser, que Jesucristo murió pero que resucito al tercer día, este es el evangelio. La sanidad, liberación, prosperidad, etc. Son beneficios del evangelio. Si yo predico el evangelio voy a ver los beneficios de este manifestado donde estoy predicando. El apóstol Pablo lo dijo de esta forma, “Porque no me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree…” (Rom. 1:17). La palabra “para” significa que causa, o que da el beneficio de”. La palabra salvación es la palabra “SOTERIA” que significa, liberación, salud, prosperidad, paz, etc. El Salmista David lo dijo de esta forma, “Bendice alma mía a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios” (Sal. 103:1). El apóstol Pedro dice que Dios envió a Jesús con un mensaje de paz (Hec. 10:36). La palabra paz es la palabra “IREYNAI” que literalmente significa “Poner el en hombre lo que el hombre perdió”, es restaurar. Cuando predicamos el evangelio los beneficios se harán presentes. Nuestro mensaje es que Jesús murió y resucito y en Su nombre podemos hacer sus obras por el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros.

¡Adelante con la misión y la visión correcta, hay horizontes que caminar y almas que restaurar!

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